Un mensaje que parecía del banco. Pablo, quien prefiere no revelar su apellido, cuenta que recibió un mensaje de texto en el que le advertían que tenía millas de su tarjeta de crédito próximas a expirar. “Yo suelo ser muy cauto con las estafas y normalmente no caigo, pero lucía tan real y tenía sentido lo que decía el mensaje”, asegura.
Pablo, un profesional del diseño gráfico, “mordió el anzuelo”. Ingresó los datos de su tarjeta de crédito en una página que parecía auténtica —con logotipos, colores y tipografía de su banco— y en cuestión de minutos comenzaron a registrarse consumos en sitios de juegos en línea y tiendas extranjeras. “Me di cuenta de inmediato de que era una estafa y llamé al banco para bloquear la tarjeta. Por suerte, tras varias semanas, las compras se reversaron y mi imprudencia tuvo un final feliz”, señala.
Las estafas financieras digitales se vuelven cada vez más sofisticadas. Los ciberdelincuentes recurren a excusas más creíbles y entornos visuales idénticos a los de entidades financieras o servicios de streaming. Alertas por “datos de pago incorrectos” o “millas por expirar” son algunos de los ganchos más comunes para que las víctimas entreguen su información sin sospechar.
De acuerdo con cifras oficiales, entre enero y julio de 2025 la Superintendencia de Bancos del Ecuador investigó 273 casos de fraude con tarjetas de crédito y débito, de los cuales el 73 % involucró a clientes que entregaron su información confidencial a los delincuentes mediante engaños o enlaces falsos. El resto de los casos, aunque no desagregado en el informe, podría corresponder a otras modalidades, como clonación de tarjetas, robos físicos o vulneraciones externas, que no dependen directamente de la acción de los usuarios ni de las entidades financieras.
A escala global, este fenómeno ya es una industria criminal. Un reporte de The Wall Street Journal estima que las redes dedicadas al fraude digital —muchas con base en China— mueven más de USD 1.000 millones al año. Estas organizaciones envían mensajes falsos sobre peajes, servicios postales o multas, instando a las víctimas a “regularizar pagos” mediante enlaces fraudulentos. Con la información obtenida, compran tarjetas de regalo o artículos de lujo, blanqueando el dinero robado a escala global.
El impacto psicológico y social es igual de profundo. Un informe de Mastercard (octubre 2025) revela que siete de cada diez personas sienten que proteger su información digital es más difícil que asegurar su propia casa. Las pérdidas globales por ciberataques alcanzaron USD 9,5 billones en 2024, convirtiendo al cibercrimen en la tercera “economía” más grande del mundo.
Según el abogado especializado en innovación y nuevas tecnologías Martín Burbano de Lara, el phishing —la suplantación de identidad a través de correos o mensajes que imitan a instituciones financieras— sigue siendo la modalidad más común. “Los delincuentes se aprovechan del desconocimiento. Simulan ser un banco o una empresa legítima, y la gente, por confianza, entrega sus datos sin verificar la autenticidad del sitio o del remitente”, explica.
Burbano advierte además sobre la clonación de terminales y las estafas de inversión, que prometen ganancias rápidas y terminan atrapando a las víctimas en un ciclo de deuda. Y recuerda un consejo elemental: nunca entregar la tarjeta para que el cajero se la lleve. “Si el establecimiento no puede procesar el pago frente al cliente, pida que le acerquen el terminal o use contacto directo; dejar la tarjeta fuera de la vista facilita la clonación o el copiado de datos”, enfatiza.
Finalmente, el experto recuerda que la Ley de Protección de Datos Personales obliga a que cualquier tratamiento de información sea transparente y con consentimiento expreso. “No podemos evitar todos los ataques, pero sí cerrar el camino más común: el que abrimos nosotros mismos al entregar información sin pensar. La prevención y la cautela siguen siendo la mejor defensa”, concluye.
Los delitos financieros digitales crecen en sofisticación y escala. Ecuador no es una excepción: la vulnerabilidad no está solo en los sistemas, sino en los hábitos cotidianos de los usuarios. La ciberseguridad empieza con educación, verificación y un mínimo de desconfianza digital.
Consejos para evitar ciberdelitos
No entregue su tarjeta de crédito fuera de su vista en establecimientos.
Evite hacer clic en enlaces recibidos por mensaje o correo, incluso si parecen del banco.
Verifique siempre que la página web tenga el candado de seguridad (https://).
Use contraseñas distintas para banca, correo y redes sociales.
Revise con frecuencia los movimientos de su cuenta.
No comparta información personal o financiera por teléfono o mensajería.
Active la autenticación de dos factores en todas sus aplicaciones financieras.



