La idea original de esta nota era recoger anécdotas: esos días amargos que todo ministro de Finanzas recuerda cuando el teléfono no deja de sonar, la caja fiscal está en rojo o hay que enfrentar una verdad incómoda frente al presidente. Algo más distendido, incluso humano. Pero al conversar con cuatro exministros, un patrón emergió de forma inevitable: la falta de dinero es la constante, y el déficit fiscal, un trauma crónico de nuestra economía.
En esta entrega, Mauricio Pozo, Carlos Julio Emanuelle, Juan Carlos Vega y Carlos de la Torre comparten su peor día como responsables de las finanzas públicas del Ecuador. Cuatro gobiernos, cuatro contextos distintos, pero una misma sombra: la fragilidad estructural del Estado para sostenerse sin endeudamiento.
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Mauricio Pozo: “Había 7 millones en la cuenta. Y docenas de obligaciones”
El 15 de enero de 2003, primer día de gobierno de Lucio Gutiérrez, Mauricio Pozo recibió su primera sacudida. “Había apenas 7 millones de dólares en la cuenta fiscal y teníamos que pagar sueldos en educación, salud, Fuerzas Armadas, Policía y gobiernos locales. Era imposible”.
Pozo tenía claro que la economía venía golpeada, pero no esperaba un panorama tan extremo.
“Era un momento muy delicado: la dolarización apenas tenía dos años. No era solo un problema de pagos; era la sostenibilidad misma del esquema monetario”.
Ese mismo día comenzó a hablar con el Fondo Monetario Internacional, el Tesoro de Estados Unidos y otros actores clave. El 18 de enero, día de su cumpleaños, anunció por cadena nacional el congelamiento de sueldos y un ajuste en los precios de los combustibles. “Me tocó enfrentar medio país con medidas duras, pero había que evitar el colapso”.
En su segunda gestión, con Lenín Moreno en 2020, el momento más crítico fue durante la pandemia. “Esperábamos desesperadamente el desembolso del FMI a finales de diciembre. Si no llegaba esa plata, la dolarización otra vez estaba en juego”. También recuerda con tensión el rechazo en la Asamblea a la Ley de Defensa de la Dolarización. “La negaron dos veces. La tercera insistí, contra medio gabinete. Por suerte, pasó”.
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Carlos Julio Emanuelle: “El terremoto rompió el oleoducto. Tuvimos que suspender pagos”
Antes de ser ministro, Carlos Julio Emanuelle fue gerente del Banco Central. Allí vivió su primer peor día: marzo de 1987, cuando un terremoto en la Amazonía rompió 42 kilómetros del oleoducto y paralizó las exportaciones de petróleo.
“Entramos en una verdadera incapacidad de pago de la deuda. Tuvimos que suspender los pagos”.
Ya como ministro de Finanzas entre 2000 y 2001, en plena transición a la dolarización, vivió otra jornada crítica: una disputa frontal con el Fondo Monetario Internacional. “El representante del FMI en ese entonces, Jeffrey Franks, quiso imponer condiciones inaceptables. Dijo que si no las aceptábamos, no habría acuerdo”. El impasse escaló hasta que actores locales —como Mario Rivadeneira— ofrecieron negociar directamente con el organismo, desplazando al ministro. “Eso siempre ha sido parte del juego en Ecuador: la teoría del palo encebado. Cuando uno está arriba, siempre hay alguien esperando que se caiga”, reflexiona.
Aunque reconoce que en su época había crecimiento económico y no vivió escasez de recursos como otros colegas, sí enfrentó presiones políticas, lobby de economistas con línea directa al poder, y un ambiente donde —como él mismo dice— “los de afuera siempre quieren entrar, y los de adentro sobrevivir”.
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Juan Carlos Vega: “Por cada dólar en caja había 29 en atrasos”
Juan Carlos Vega, ministro entre noviembre de 2023 y febrero de 2025, vivió su peor día al asumir el cargo. “Las cifras que me presentaron durante la transición estaban maquilladas. Descubrí que los atrasos eran el doble de lo reportado oficialmente”.
El dato que lo marcó: por cada dólar disponible en la caja fiscal, había 29 dólares en compromisos impagos. Además, no había acceso a financiamiento.
“El ministro anterior no se había reunido ni con el FMI, ni con el BID, ni con el Banco Mundial. Todo estaba cerrado”.
Pese al impacto, Vega no pensó en renunciar. “Tenía experiencia en situaciones críticas, pero este era otro nivel. En lugar de paralizarme, me puse a trabajar: reconstruir las relaciones con los multilaterales era la única salida”.
Aprovechó el momento para apuntar a lo estructural: “El Ecuador gasta cerca del 40% del PIB y recauda apenas 21%. Esa brecha solo se puede tapar con deuda, petróleo o déficit. Mientras no se resuelva eso, este será siempre el país del ministro que llega y se topa con un hueco”.
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Carlos de la Torre: “Las cifras son falsas… porque lo dijo un empresario”
Carlos de la Torre fue ministro de Finanzas entre mayo de 2017 y marzo de 2018, durante el arranque del gobierno de Lenín Moreno. Su peor día no tuvo que ver con cifras exactas, sino con lo simbólico: la desconfianza del poder hacia las instituciones técnicas del Estado.
Una noche de febrero, tras el feriado de Carnaval de 2018, fue convocado al Palacio de Carondelet. Lo esperaban el presidente Moreno, su consejero Santiago Cuesta, y también estaban presentes Verónica Artola (gerenta del Banco Central) y Leonardo Orlando (director del SRI).
“En esa reunión, Cuesta nos dijo a los tres: ‘Ustedes le están engañando al presidente’”, recuerda De la Torre. La acusación era que estaban usando cifras falsas para los análisis. “Cuando pregunté por qué, Cuesta dijo que un amigo empresario le había dicho que las cifras del Banco Central y del SRI eran falsas. En ese momento supe que ya no pintaba más en ese gobierno”.
Para él, ese fue el momento más frustrante. “Que se desestimen cifras oficiales, auditadas por organismos internacionales, solo por lo que dice un empresario… eso fue devastador. Ya no era una discusión técnica: era un ataque a la institucionalidad”.
También recuerda otro episodio simbólico. En una visita a Carondelet, vio salir del despacho presidencial al analista económico Pablo Lucio Paredes. “Ni siquiera me habían informado que él estaba asesorando al presidente. Fue evidente que el presidente ya tenía otra línea y buscaba otros interlocutores”.
Y remata con una reflexión sobre el discurso de Moreno:
“Cuando dijo que ‘la mesa no estaba servida’, me rompió toda la estrategia de reducción de riesgo país. Yo venía preparando una emisión de bonos. Esa narrativa fue un tiro en el pie del propio gobierno”.
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Una historia que se repite
La idea original de esta nota era anecdótica, incluso algo ligera. Pero terminó revelando un patrón estructural. No importa si es 1987, 2003, 2017 o 2024: la caja fiscal está vacía, las obligaciones desbordan, y el ministro debe enfrentar el día más duro con apenas horas en el cargo.
Mauricio Pozo lo resume con una analogía familiar: “Si en tu casa gastas más de lo que ganas, al comienzo cubres con tarjeta de crédito. Pero si no corriges, todo explota”.
Juan Carlos Vega lo plantea como ecuación estructural: gastar 40 puntos del PIB y recaudar 21 no es sostenible.
Y Carlos de la Torre advierte sobre algo igual de grave: cuando los números pierden legitimidad frente a la narrativa política, el país no solo se queda sin dinero—se queda también sin verdad.








Cuando trabajé en el Ministerio de Finanzas, conocí otro Ecuador: el real, el de la billetera. Nada, absolutamente nada del discurso de cualquier político (de cualquier nivel, ideología o cargo), ni nada de la mayoría de las leyes, guarda coherencia con la billetera de la casa.
La información de cuánto tiene la caja fiscal es pública. Se emite en un boletín monetario semanal del BCE, en la sección Cuenta Única del Tesoro.
Entendí que el Ecuador (incluso para mí antes de tener esta experiencia) es como una familia que no se preocupa por cuánto hay disponible en la billetera del papá, y le pide “al papá de turno” que le dé mucho más de lo que tiene.
Pero lo peor no es eso. Lo peor es que reiteradas veces ese “papá” de la casa es un alcohólico (por decirlo de algún modo) que tampoco tiene idea de cuánta plata hay ni menos cómo administrarla.
No he conocido candidato alguno, por ejemplo, que hable con sinceridad de la billetera. Primero porque no la conocen, luego porque no tienen la mínima noción de administración de finanzas públicas, y tercero porque para qué, si eso no da votos.
Los ministros de finanzas muchas veces son (y deben ser) ese papá del papá. La autoridad técnica y ética que puede frenar los abusos de la ignorancia y el populismo.
En el Ecuador hay muchos economistas y muy capaces, pero caís todos juegan y bailan según el soneto político del momento. Y cuando digo esto, me refiero tanto a gobiernos de derecha o de izquierda. En economía uno de los principios más popularizados es que la escasez de recursos y de fuentes de recursos es una norma. Casi siempre el Ecuador ha partido de cero cada cuatro años y los Ministros de Finanzas saben que es así, pero igual asumen el reto. Esto, de por si es loable, solo que a su perfil técnico casi siempre se suoerpone el político, sea el de él mismo o de quien está al frente de Gobierno. En los cuatro casos citados hay un factor común adicional a los que señala Sebastián en su excelente nota: los Ministros de Economía y Finanzas procesan y gestionan los recursos del país desde una visión de economía política. Esto quiere decir que no basta con ser bueno teórica, técnica y profesionalmente, un Ministro de Finanzas sabe que juega en cancha política. Esto condiciona desde su visión del problema hasta la búsqueda de soluciones, y en ello, lastimosamente, casi nunca se impone lo técnico sino lo técnicamente político. Bienvenidos al mundo real.